Hoy en día, Nimmerdor es una preciosa reserva natural. La vegetación, con sus típicos árboles coníferos, se alterna ahora con un bosque de robles y abedules. Hay árboles centenarios, lo que hace que la finca resulte aún más mágica. La casa solariega sufrió daños tan graves durante la Segunda Guerra Mundial que ya no se pudo salvar.

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