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Redoble de tambores... Se abre una puerta, se enciende un foco y aparece un actor. Empieza una carcajada. Y ahí está por fin. Con nada más que un micrófono, un taburete y un vaso de agua, Elias comienza su primera noche de comedia.

Al menos, ése era el plan. Elias se enreda en una serie interminable de telones y cortinas antes de llegar al público. Y cuando por fin está allí, la realidad resulta ser más revoltosa que el sueño.

Una noche con Elias es un espectáculo íntimo en solitario que va desgranando capa a capa lo que significa "estar ahí". No es comedia. No es stand-up. Pero parece sospechosamente que podría serlo.

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